Fue uno de los últimos representantes del ukiyo-e, y en particular del grabado, al que condujo a una cota de gran calidad antes de la decadencia de la xilografía en Japón. Hiroshige fue un humilde intérprete de la naturaleza, pero sobre todo fue un verdadero genio cuando se expresó con la ayuda de los medios limitados del grabado sobre madera, haciendo surgir las delicadas transparencias de la atmósfera al compás de las estaciones, en paisajes donde el ser humano está siempre presente.
Poco después de la apertura forzada del Japón a los intercambios comerciales con Occidente, fue principalmente a través de la obra de Hiroshige que Europa descubrió hacia 1870 la asombrosa originalidad de las artes gráficas niponas. Su obra influyó en numerosos artistas europeos, creando un estilo denominado japonismo, que tuvo una influencia determinante sobre movimientos como el impresionismo y el modernismo.
Hiroshige influencia a pintores tan importantes como Claude Monet o Vincent Van Gogh.
Fuegos artificiales en el puente Ryōgoku, de la serie Cien famosas vistas de Edo (1856-1858), formato ōban, editorial Sakanaya Eikichi.
Nieve en Kisoji (1857), de la serie Nieve, luna y flores, tríptico en formato ōban, editorial Okazawaya Taheiji.
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